Nos han educado sin enseñarnos a identificar lo que nos pasa por dentro
por tanto, tenemos que aprender a educar nuestras reacciones. La forma
de conseguirlo
es aprender a reconocer las emociones que motivan nuestras acciones.
La necesidad imperiosa de sobrevivir para la que estamos
programados
constituye una carencia emocional que facilita que nuestros
pensamientos negativos
tengan una influencia mayor que los positivos.
Por ello hay que transformar lo que nos pasa para no ser
unas víctimas del destino.
Y ¿Cómo se hace eso? Con inteligencia emocional.
Compensando nuestros pensamientos negativos con positivos,
manteniendo una actitud
optimista y positiva de la realidad que vivimos a diario.
La clave: “cambiar la percepción de algo supone cambiar
nuestra visión”.
Aunque culturalmente podamos llegar a identificar que las
personas optimistas son soñadoras, ingenuas o incluso irresponsables, un
optimisma o una persona emocionalmente inteligente es aquella que reflexiona
sobre su realidad, analiza, evalúa lo bueno, lo malo y se queda con lo bueno.
El optimizar la realidad ayuda a encontrar más recursos, por eso solemos
asociar que las optimistas tienen más suerte, pero no es
una cuestión de suerte sino de análisis de posibilidades.
Por tanto, la inteligencia emocional nos ayuda a estar
emocionalmente despiertos ante las emociones positivas y negativas,
identificando y compensando ambas para no ser víctimas de nuestros pensamientos
sino construir nuestro destino.
Paloma del Henar
Twitter: @palomadelhenar
"Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres" Pitágoras.
ResponderEliminar