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viernes, 30 de marzo de 2012
¿Qué pasa cuando nos dicen que no podremos?
Autor: Arturo Merayo
LIDERAZGO
LIDERAZGO
Los seres vivos logran sobrevivir cuando se adaptan, es decir, cuando son capaces de encontrar una respuesta adecuada a las nuevas situaciones, aunque estas sean inesperadas, desconcertantes o incluso peligrosas. Los individuos humanos, en tanto que seres vivos, solo disponemos de tres modos de reaccionar ante el entorno: o huimos, o nos enfrentamos o nos paralizamos.
Por ejemplo, ante las crisis, hay personas que se remangan y se enfrentan con valentía, creatividad y perseverancia a las nuevas circunstancias; otras abandonan o huyen, cierran, migran a otro sector o buscan empleo en el extranjero; también las hay que optan por quedarse inmóviles, confiando en que nada fatal les ocurra mientras esperan que pase la tormenta. Las tres opciones son legítimas.
Los animales superiores, basándonos en la experiencia, somos capaces de predecir parcialmente el futuro, y podemos así elaborar estrategias para adaptarnos a los cambios. Es decir, para hacer frente a nuevas situaciones, la experiencia suele resultar un factor decisivo.
Pero a los seres sociales no nos basta con nuestra experiencia individual, sino que tomamos decisiones constantemente influidos por las experiencias de los demás. Esto no es malo, sino sumamente enriquecedor para progresar antes, más y mejor. El problema surge cuando esos demás que nos influyen hacen un análisis incorrecto del entorno o no son capaces de predecir el futuro acertadamente. Entonces pueden confundirnos, porque si bien su influencia nos proporciona pistas, estas son erróneas. Por eso resulta tan decisivo el comportamiento de padres y profesores en el desarrollo del niño; por eso también nos insisten tanto desde pequeños en que hay que seleccionar bien las compañías. Cuando son los líderes de una sociedad los que no aciertan a mostrar el camino idóneo, basta con que sean unos pocos los que se equivoquen. Entonces, indefectiblemente, la manada les sigue y se despeña.
Las previsiones erróneas de líderes
El FMI, el Banco Mundial y las agencias de calificación de riesgo, nos guste o no, son líderes en esto de la economía: indican el camino que hay que seguir y guían las decisiones financieras, privadas o públicas. Influyen, no cabe duda, y detrás de ellos vamos todos. Lo que pasa es que son malos líderes y nos guían hacia el precipicio. Explicaré por qué.
Si algo les gusta hacer a las instituciones económicas es aventurar predicciones: que si en el 2012 la economía va a entrar en recesión, que si en el 2013 ocurrirá esto o lo otro... No les basta con hablar de la economía mundial, no: se permiten el lujo de aventurar cómo va a ir la cosa en cada país. Y como son líderes, sus oráculos se repiten a los cuatro vientos, machaconamente, a través de los medios primero y, luego, en las conversaciones de café. Nadie sabe en qué se basan para hacer esas predicciones; es más, las hacen como si una ley inmutable impidiera que pudiera haber cambio alguno. ¿Y si un gobierno toma medidas acertadas? ¿Y si varios gobiernos las toman coordinadamente? ¿Y si los empresarios encuentran nuevos mercados? ¿Y si un tsunami afecta a una central nuclear? ¿O, inesperadamente, en algunos países árabes estalla una revolución en cadena? ¿No cambiará eso algunas de las previsiones? Da igual, ellos toman su fotografía del futuro sobre el imposible encuadre de que nada, absolutamente nada, se va a alterar.
Usted podría rebatirme diciendo que tan poderosas instituciones disponen de sesudos analistas, inmensamente más preparados que nosotros, con una información de primera mano y capaces de cruzar multitud de variables para acertar de plano en sus prospectivas. Y yo podría replicar que menos lobos, Caperucita. Que si fueran tan sabios, hubieran podido prever la crisis de Lehman Brothers, las hipotecas basura y todo lo que vino después, que, desde luego, era una cosita como para haberla visto venir. A lo mejor por eso se dice que la economía es la ciencia que explica las cosas después de que han ocurrido.
Por otra parte, y para mayor desconcierto del personal, ni siquiera los infalibles sabios se ponen de acuerdo: el servicio de estudios financieros de un banco da una cifra, el gobierno da otra, la UE una tercera, el Banco Mundial una más, todas ellas diferentes. ¡Y les creemos a todos! Es como si le hubieran pedido prestada a la bruja Lola su bola del futuro, y ni siquiera se han dado cuenta de que no ha pasado la ITV. Pero con ella se sienten solventes para poder vaticinar con aplomo y rotundidad, sin la más mínima duda, con un desparpajo que roza la insolencia.
Fitch Rating anunció hace unas semanas que rebajaba la calificación a doce ciudades y regiones españolas, entre ellas Pamplona y Vigo. Ciudades de menos de 300.000 habitantes hay en el mundo varios miles. Por lo que se ve, Fitch tiene un ejército de afanados empleados estudiando las finanzas de cada ayuntamiento, los gastos de su concejalía de educación y los índices de morosos en el pago del IBI. ¡Venga ya! Sin embargo, emiten sus juicios, con contundente solemnidad, y son inapelables al más puro estilo de inquisidor medieval.
Los efectos del miedo
Lo que me preocupa no es tanto que predigan y se equivoquen, sino que con sus adivinanzas amedrentan al personal. Así, como suena. Sus previsiones son inmediatamente aireadas por los medios de comunicación, patológicamente empeñados en focalizarse hacia lo negativo y lo catastrófico, hasta lograr meternos a todos el miedo en el cuerpo. Y, precisamente, es el miedo lo que acaba por asfixiar al sistema, en la misma medida en que cada célula se va quedando sin el oxígeno imprescindible de la esperanza.
Porque detrás de los negros augurios vienen millones de decisiones particulares: la del empresario que no se atreve a emprender nuevas iniciativas, el banquero que no concede el crédito, el autónomo que no se arriesga a contratar, el trabajador que se aferra al más vale lo malo conocido, el parado que se persuade de que para él no hay empleo, el consumidor que deja de consumir…
Las previsiones catastrofistas –esas que indican que hagamos lo que hagamos las cosas no van a mejorar– apuntan directamente a la línea de flotación de la esperanza. Cuando esta se cuartea, se desactiva el entusiasmo, disminuye la motivación hacia el logro, cede la resistencia a la frustración, cunde la impotencia y el desánimo.
Nos amedrentan, sí, y el clima de pesimismo se generaliza. Porque si bien es verdad que la situación es difícil, resulta infinitamente peor cuando muchos piensan que no hay modo de cambiar ni siquiera lo que depende directamente de uno. Es lo que en psicología se conoce como “profecía autocumplida”: es imposible ganar un partido si el equipo salta al estadio convencido de que no puede ganar; es muy difícil preparar y aprobar un examen desde una mentalidad derrotista; si uno se empeña en que su cliente no le va a comprar, es casi seguro que acertará…
En pedagogía se habla del efecto Pigmalión para referirse a cómo pueden influir en un profesor las referencias previas que otros le proporcionan acerca de un alumno o un grupo. Si le dicen que es malo, hará las cosas de tal manera que al final no logrará de los chicos buenos resultados. Si, por el contrario, le alaban las virtudes del estudiante o de la clase, el profesor tiende a pensar que son verdaderamente buenos y, sin ser consciente, se esfuerza más, les motiva mejor y consigue éxitos en su rendimiento académico. Pues, bien, en las crisis hay un efecto Pigmalión clarísimo: si mucha gente dice que no podemos, entonces no podremos. Y al revés: es más fácil salir si quienes lideran nos transmiten confianza en el futuro.
Mi propuesta es muy sencilla: no hagamos el menor caso a las profecías económicas, a las voces agoreras ni a los mensajes catastrofistas. Nos quitan el ímpetu para la acción, siegan nuestra esperanza y nos acobardan, nos acorralan en el inmovilismo… Ya sabemos que la cosa está mal. Ahora toca armarse de valentía y de perseverancia, ahuyentar los miedos y poner la atención únicamente en lo que cada uno puede hacer en su entorno inmediato hoy, esta misma mañana.
El resto son pamplinas que nos distraen cuando no nos hunden en el pesimismo. Por salud mental y por eficiencia, no haga usted caso de los vaticinios de la bruja Lola. Ni los escuche siquiera. Vivirá con las mismas dificultades, pero con menos miedo, más feliz.
Arturo Merayo, socio director de Cícero Formación, http://www.ciceroformacion.es
Artículo publicado en Executive Excellence nº90 mar12
Paloma del Henar
A través de la investigación evolucionamos tanto a nivel social, profesional y académico. Las principales publicaciones que he realizado son:
- “La inteligencia emocional en los profesionales de la comunicación: el valor de las competencias intrapersonales”, en Textual & Visual Media: revista de la Sociedad Española de Periodística, Nº. 3, págs. 131-150, 2010. (ISSN 1889-2515).
- “La inteligencia emocional del periodista”, en las IV Jornadas Internacionais de Jornalismo, Universidad Fernando Pessoa, Oporto, 2009. (ISBN 978-989-643-025-2)
- Juntos en Europa. Un proyecto educativo de dimensión europea”, en Quaderns Digital: El portal de educación, 2009.
- Ponencia en Congreso Científico Internacional: “La inteligencia emocional en el entrevistador periodístico”, en el I Encuentro Internacional de Investigadores en Información y Comunicación, Universidad Complutense de Madrid, 2008.
Medicina de las emociones
A estas alturas ya parece evidente que las palabras de los médicos pueden causar efecto tanto positivos como negativos en la salud de sus pacientes. La afectación que ante una enfermedad sufre nuestro sistema inmunitario se puede ver modificada por la influencia que las expectativas generan en nosotros. Partiendo de esta hipótesis investigadores como el doctor Evans llevaron a cabo estudios en los que se demostró el efecto placebo.
Este efecto tiene entre sus múltiples efectos actuar sobre el poder curativo a través del poder de los pensamientos.
El efecto placebo encuentra su explicación en el poder de sugestión que un individuo experimenta sobre su organismo a través de la generación de expectativas y la vinculación a sus creencias, por lo que su éxito radica en actuar como efecto base del la recuperación que un paciente puede efectuar en función de la percepción de su entorno, formado particularmente por su enfermedad y su interés por recuperarse. Ha sido comprobada su eficacia en numerosos casos médicos por lo que por lo que la comunidad científica no ha podido cuestionar su efectividad sino profundizar en su aplicación.
Es por ello que la medicina actual no debería hacer caso omiso a las consecuencias que el estudio de la inteligencia emocional puede tener en el desarrollo de las enfermedades de sus pacientes.
Un ejemplo de cómo las expectativas de los pacientes pueden influir en su recuperación lo encontramos si analizamos cómo los problemas de nuestra mente inciden en el comportamiento de nuestro cuerpo, ya que nuestros estados mentales inciden en el funcionamiento del organismo.
Todavía no se conoce el mecanismo por el que el tratamiento placebo mejora a los pacientes, pero parece existir un consenso en la comunidad científica respecto a las reacciones que el cerebro puede provocar en el organismo.
Aceptar o rechazar las actuaciones anteriores forma parte de la decisión del lector.
Paloma del Henar
Twitter: @palomadelhenar
Persónate con Paloma del Henar Sánchez, Consultora
28 febrero 2012 Escrito por PERSON
Archivado en: Entrevista al consultor, Portada
Archivado en: Entrevista al consultor, Portada

El mes de febrero nos trae la compañía de Paloma del Henar Sánchez. Será ella quien, en esta ocasión, nos cuente su paso por Person, mientras comparte con nosotros ideas, reflexiones… Y alguna otra sorpresa más!!
Entrevista 8-2-2012. Paloma del Henar Sánchez, Consultora, se presenta y nos cuenta cómo empezó todo…
¿Cuándo empezaste la colaboración con Person?
Hace ya unos años comencé a colaborar como consultora con Person. Casualmente conocía al equipo de Person Madrid porque había asistido a un curso de formación en recursos humanos con ellos. Un año después de aquello, coincidí en unas Jornadas de Trabajo con Tino y Carmen, me propusieron la posibilidad de colaborar juntos y desde aquel momento empecé a formar parte del equipo.
¿Cuáles fueron las razones que te llevaron a trabajar en la organización?
Tanto Tino como Carmen proyectan el trabajo con un gran entusiasmo, y podríamos decir que encontramos una sintonía en cuanto a los principios y criterios formativos que deben aplicarse profesionalmente. Mamen Infante también tuvo un papel fundamental en este proceso, su gran motivación y el poder compartir desde el principio una relación profesional con ella fue un valor añadido.
¿Con qué áreas de conocimiento desarrollas tu actividad diaria en Person?
Mi campo es el desarrollo de competencias profesionales (liderazgo, trabajo en equipo, motivación, etc.), creo en la comunicación como un concepto integral por lo que la comunicación interpersonal y organizacional (interna, externa y estratégica) y su aplicación desde recursos humanos, -con todo lo que ello conlleva-, son los pilares fundamentales de mi trabajo, siendo imprescindible en las relaciones entre los miembros de una organización la aplicación de la inteligencia emocional como una competencia trasversal que, implica el desarrollo tanto personal como profesional de cualquier individuo.
Si quieres profundizar en su trayectoria profesional, pincha aquí.
Paloma del Henar: "los retos son la clave del desarrollo profesional"
Entrevista 21-02-2012. Hoy tocaba hablar del futuro y las respuestas han sido claras. Para mañana?? Seguir creciendo.
Continuar con mi planificación formativa y participar en nuevos proyectos.
Y, ¿cuáles son tus planes de futuro?
Afrontar nuevos retos, me encantaría intervenir en más procesos de consultoría para continuar con mi desarrollo profesional, así como seguir muy vinculada a la formación estrictamente de aula. En definitiva considero que tanto la consultoría como la formación son dos áreas que se necesitan mutuamente y que nos permiten a los profesionales un desarrollo personal y profesional continuo.
En Person, trabajamos tanto la Consultoría como la Formación. ¿Qué te despierta cada una de estas áreas? ¿Te gusta alguna más que otra? ¿Qué te aporta a nivel personal? Cuéntanos algún proyecto.
Tanto la consultoría como la formación son lo que podríamos denominar amores distintos en situaciones relacionadas. Ambas facetas son complementarias pero es cierto que la consultoría me despierta una motivación especial, conocer el alma de las organizaciones y ayudar a las personas a avanzar en el desarrollo de sus objetivos profesionales, supone un reto tanto personal como profesional. El poder analizar las circunstancias de una organización supone poner todo tus conocimientos y tus habilidades al servicio de una estructura totalmente cambiante, la formación, por su parte, es más heterogénea y por ello, ejercemos una docencia profundamente práctica aunque su aplicabilidad a las organizaciones no está tan condicionada como en la consultoría ya que depende del criterio de cada alumno y de las posibilidades de su organización.
Para leer el artículo “Inteligencia Emocional, la gran olvidada”, que Paloma ha querido compartir con nosotros, sólo pincha AQUÍ.
Persónate
Escrito por PERSON
Archivado en: Entrevista a Paloma del Henar, Portada
Entrevista 15-2-2012. Para Paloma del Henar, el tiempo no pasa en valde. Su carrera profesional así lo demuestra.
Desde que comencé mis estudios universitarios he estado muy vinculada a la formación. Tuve la oportunidad de colaborar en distintos proyectos en la Universidady desde aquel momento, no ha cesado mi interés por continuar profundizando en cómo la formación puede cambiar la percepción que tenemos de las circunstancias que vivimos. Como ya he comentado anteriormente, considero que la comunicación debe ser entendida como un concepto integralque no puede desvincularse de la imagen de cualquier individuo u organización, por lo que mientras estudiaba mi primera licenciatura decidí formarme en otras áreas de la comunicación y obtuve el título de Experta Universitaria en protocolo y ceremonial porla Escuela Internacional de Protocolo.
Mi primera investigación con trascendencia pública fue “La inteligencia emocional en los largometrajes de Alejandro Amenábar” y desde aquel momento decidí realizar la tesis doctoral sobre la inteligencia emocional aplicada a la entrevista. De este modo comencé a implicarme en la investigación desde el ámbito universitario y ya el último año de la carrera de Periodismo (con especialidad en comunicación institucional y organizacional), comencé a estudiar también Publicidad y RR.PP, y como la formación es algo que me apasiona decidí hacer también el doctorado mientras estudiaba la licenciatura de Publicidad. Desde aquel momento no he parado, ni de formarme, ni de trabajar, ni de participar en todos aquellos proyectos que me aportan un crecimiento personal y profesional.
En este sentido, me siento muy identificada con la frase de Ferrán Adriá: no dejes de pedalear, porque si dejas de pedalear te caes de la bici. Afortunadamente en España desde hace unos años existe una mayor concienciación sobre la importancia que la comunicación ocupa en nuestras vidas, -debemos tener en cuenta que los mayores conflictos entre las personas se deben a problemas de comunicación- y por supuesto, esta concienciación social también se ha trasladado al mundo de las empresas y cada vez son más las que se suman a incluir entre sus principales estrategias, unas adecuadas políticas de comunicación.
En definitiva, a las personas se nos aprecia y clasifica por cuatro aspectos: Lo que hacemos, lo que parecemos, lo que decimos y cómo lo decimos.
Decía Cicerón: “cada vez que hablamos o decimos algo, otras tantas veces se nos juzga”.
Y las organizaciones no pueden estar ajenas a cómo esta clasificación también les afecta a ellas.
¿Has tenido ocasión de participar en alguna publicación?
En varias, si bien es cierto que al dedicarme al mundo de la investigación universitaria forma parte de mi responsabilidad como Ph.D.
No cabe duda de qué los investigadores preferimos publicar artículos en revistas científicas. Esto es así porque estas revistas son las que tienen más prestigio y más impacto en la comunidad investigadora. A través de la investigación evolucionamos tanto a nivel social, profesional y académico. Las principales publicaciones que he realizado son:
- “La inteligencia emocional en los profesionales de la comunicación: el valor de las competencias intrapersonales”, en Textual & Visual Media: revista de la Sociedad Española de Periodística, Nº. 3, págs. 131-150, 2010. (ISSN 1889-2515).
- “La inteligencia emocional del periodista”, en las IV Jornadas Internacionais de Jornalismo, Universidad Fernando Pessoa, Oporto, 2009. (ISBN 978-989-643-025-2)
- Juntos en Europa. Un proyecto educativo de dimensión europea”, en Quaderns Digital: El portal de educación, 2009.
- Ponencia en Congreso Científico Internacional: “La inteligencia emocional en el entrevistador periodístico”, en el I Encuentro Internacional de Investigadores en Información y Comunicación, Universidad Complutense de Madrid, 2008.
Por otra parte, también me gusta compartir reflexiones y contenidos de mis áreas de especialización que considero de interés social y empresarial a través de mi blog: http://emocionaycomunica.org/ http://emocionaycomunica.com/ de facebook en: http://www.facebook.com/emocionaycomunica y de twitter: @palomadelhenar
“Inteligencia Emocional, la gran olvidada”, por Paloma del Henar.
28 febrero 2012 Escrito por PERSON
Archivado en: Destacados, La biblioteca Person
Os dejamos a continuación con el artículo que Paloma del Henar ha tenido el gusto de compartir con nosotros como parte de la campaña Persónate.
La inteligencia emocional resulta de tal importancia que puede ser considerada como el cimiento sobre el que se asienta la vida personal y profesional y, por tanto, también la de cualquier organización. La IE se manifiesta y percibe en todos los momentos de la vida de cada individuo y de la empresa en su conjunto, ya sea en su ámbito interno o en sus relaciones con el exterior.
Por esto mismo, sorprende comprobar que siga sin estar presente de manera reglada en la formación universitaria. En efecto, son excepcionales las Universidades que han incorporado el desarrollo de la inteligencia emocional a sus planes de estudio. Y, sin embargo, no hay duda de que la inteligencia emocional predice y condiciona el éxito de los comunicadores en cualquiera de sus actividades profesionales: “¿Predice mejor el éxitola InteligenciaEmocional(IE) que el Cociente Intelectual (CI) (…) El CI desempeña una función de clasificación a la hora de determinar qué trabajos puede realizar una persona. Sin embargo, contar con la suficiente inteligencia cognitiva para llevar a cabo un trabajo dado, no predice o indica en sí mismo si esa persona será un trabajador estrella o si ascenderá al nivel directivo, ni si ocupará puestos de liderazgo en su campo (…) En otras palabras, el CI sería un pronosticar más potente que la IE acerca del éxito de los individuos en sus carreras en estudios de grandes poblaciones porque clasifica a los individuos antes de embarcarse en una carrera, determinando qué campos o profesiones son los más adecuados. Pero cuando los estudios se llevan a cabo en el interior de un trabajo o profesión para determinar qué individuos sobresalen y quiénes son mediocres o fracasan,la IE demostrará ser un pronosticador mucho mejor del éxito que el CI” (Goleman y Cherniss, 2005: 57-60).
Con la formación en inteligencia emocional no se trata de hacer a la gente perfecta, sino de ayudar a cada individuo a que se conozca bien, a que aproveche las competencias en las que destaca y a adiestrarle para que vaya resolviendo poco a poco sus deficiencias emocionales o minimice su impacto.
Es decir, apuesta por la formación y gestión del capital emocional aquel que es consciente de que a través de los procesos comunicativos transmitimos y recibimos estados emocionales que resultan esenciales no sólo para el equilibrio personal sino también para las relaciones con los otros y, por tanto, para poder establecer vínculos eficaces (Merayo, 2007: 24).
Sorprende también que la mayor parte de los procesos de selección de personal sigan atendiendo únicamente al currículum del candidato –experiencia laboral y formación académica–, como si el coeficiente racional fuera por sí solo suficiente garantía de éxito. No lo es y, de hecho, los mejores pronosticadores de la eficacia profesional radican siempre en el grado de desarrollo de las competencias emocionales. “En todos los trabajos, las competencias emocionales predominan dos veces más entre las competencias identificadas que las habilidades técnicas y las puramente intelectivas combinadas. Cuanto más importante es la posición que se ocupa en una organización, más importancia tiene la IE: entre los que ocupan puestos de liderazgo, el 85% de sus competencias, pertenece al campo dela IE” (Goleman y Cherniss, 2005: 59).
Se explica así que los directivos no tengan habitualmente una inteligencia emocional bien adiestrada, o que el empleado –que respira a diario la cultura organizacional de su empresa, y que de un modo u otro absorbe el estilo del líder– acabe repitiendo comportamientos cuando es promovido a puestos de responsabilidad. Los jefes más eficaces son aquellos que cuentan con la habilidad de darse cuenta de cómo se sienten sus empleados en su situación laboral y de intervenir con eficacia cuando dichos empleados empiezan a sentirse desanimados o insatisfechos. Los jefes eficaces también son capaces de manejar sus propias emociones, con el resultado de que los empleados confían en ellos y se sienten bien al trabajar a su lado. En pocas palabras, los jefes cuyos empleados se quedan son aquellos que dirigen con inteligencia emocional (Goleman y Cherniss, 2005: 37).
Las compañías que recurren a consultores gerenciales y que apuestan por la formación en comunicación de sus empleados no lo hacen porque les sobre el tiempo ni el dinero, sino porque son conscientes de que en el centro de la actividad productiva está siempre la comunicación. Mejorando los flujos de comunicación se mejora la competitividad en la misma medida en que aumenta la confianza que cada empleado –y por ende, la organización en su conjunto– es capaz de generar.
Desde que en 1975 David McClelland propusiera por vez primera el concepto de competencia, se sabe que los trabajadores sobresalientes se distinguen precisamente porque demuestran haber desarrollado un amplio abanico de competencias emocionales, más que por las de carácter cognitivo (McClelland, 1973: 1-14). La formación en comunicación está en el centro del desarrollo de las competencias emocionales, ya sea formación para la comunicación cara a cara (ventas, negociación, alianzas estratégicas…), comunicación en pequeños grupos (persuasión, liderazgo, resolución de conflictos, trabajo en equipo…) o ante auditorios numerosos (imagen pública, prestigio corporativo, presencia y visibilidad…). Todo ello se traduce inmediatamente no sólo en una mejor imagen de la organización sino en algo trasversal y mucho más decisivo: la reputación corporativa.
Extracto del artículo publicado en Textual & Visual Media: revista de la Sociedad EspañolaPeriodística, Nº. 3, págs. 131-150, 2010. (ISSN 1889-2515).
Sánchez Cobarro, Paloma del Henar y Merayo, A.
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